Otra mañana en la que me levanto del orto, otro puto día, es una puta batalla que comienza. No recuerdo ayer, solo un par de flashes, un horror. Tiemblo, tengo frio. Tengo calambres. Los odio tanto o más de como me odian ellos a mi, como a este mundo, y a esta puta vida a la que le perdí el gusto, donde cada vez me acerco a pensar que las drogas son lo único que vale la pena. La realidad es demasiado urgente, por eso escogí matarme a fuego lento. Nada le debo a nadie y esto es lo mejor que encontré.
Demasiado tarde, la serpiente ya me pico.
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